HISTORIA

La historia comienza en el año 1577, una joven noble española, Mariana de Jesús Torres, de tan solo trece años, zarpó de España hacia la colonia española de Quito (actual Ecuador) con su tía, la Madre María de Jesús Taboada, y otras cuatro monjas concepcionistas.

 

Su misión era establecer el Convento de la Inmaculada Concepción, el primero de su tipo en la región. Desde muy joven, Mariana mostró dones espirituales extraordinarios: una profunda vida de oración, experiencias místicas y una intensa devoción a la Santísima Virgen María. Profesó sus votos perpetuos en Quito y vivió una vida de austeridad, humildad y obediencia.

PRIMERAS APARICIONES Y MISIÓN CELESTIAL

Entre 1594 y 1634, Mariana tuvo numerosas visiones y encuentros místicos con la Madre de Dios, quien se identificó bajo el título de Nuestra Señora del Buen Suceso del Purísimo Corazón de María. En una de las primeras apariciones, la Santísima Virgen apareció vestida de blanco y azul, coronada como Reina, sosteniendo al Niño Jesús en un brazo y un báculo pastoral en el otro — símbolo de su guía espiritual. Estaba acompañada por luces celestiales, y su presencia llenó la celda de Mariana de paz espiritual y reverencia.

 

En 1594, se apareció a la Madre Mariana y le pidió que se hiciera una estatua que la representara tal como ella aparecía — sosteniendo al Niño Jesús, un báculo y llaves, símbolos de su autoridad maternal y protección sobre la Iglesia y el convento. En 1611, después de un intento infructuoso de un escultor de completar la estatua, ocurrió un milagro: los ángeles terminaron el rostro de la estatua durante la noche, dejándola con una belleza celestial.

 

María confió a la Madre Mariana una misión de reparación: ofrecerse como alma víctima por la Iglesia, especialmente por los sufrimientos espirituales y las crisis que la afligirían en los siglos XIX y XX.

 

La Madre Mariana continuó su vida de sacrificios ocultos, sufriendo tormentos místicos, ataques demoníacos y pruebas espirituales. Ella aceptó todo esto en reparación por futuros pecados — especialmente los cometidos en el siglo XX. Murió de santa muerte el 16 de enero de 1635, y su cuerpo fue encontrado más tarde incorrupto, un signo de santidad en la tradición católica. En 1986, la Arquidiócesis de Quito abrió formalmente el proceso para su beatificación, y ahora ostenta el título de Sierva de Dios.

LA DEVOCIÓN HOY

Aunque la devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso permaneció relativamente oculta durante siglos, ganó prominencia en las últimas décadas a medida que muchas de sus profecías comenzaron a resonar con los acontecimientos actuales. Los fieles católicos de todo el mundo acuden a ella para:

 

* Protección en la guerra espiritual

*Renovación de la Iglesia

*La defensa de la pureza, la familia y las vocaciones

*Esperanza en tiempos de confusión cultural y religiosa

 

Su fiesta se celebra el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor o el día de la Candelaria.

Nuestra Señora del Buen Suceso no es solo una advertencia, sino una promesa: que incluso en las horas más oscuras, cuando la Iglesia parece eclipsada y la sociedad se tambalea, María está cerca y Dios no abandonará a sus fieles. Su mensaje es de profundo sufrimiento, sí, — pero también de triunfo celestial.